Acerté los niveles.
Otra vez, no el motivo.
Techo superado, zona alcanzada, objetivo alcanzado e invalidación nunca en peligro. La N.º 3 queda anotada como acierto. Pero la escribí diciendo que el rebote era mecánico, y esta semana entró dinero de verdad.
La tesis decía que la prueba real era si el precio recuperaba la media de 20 sesiones y atacaba los 83.000, donde se concentraban los cortos. Ocurrió, y ocurrió además reforzado por un short squeeze real el lunes: 648 millones en posiciones cortas liquidadas en 24 horas, 262 de ellos en una sola hora. El precio llegó a los 87.281 esa misma tarde.
La N.º 3 queda anotada como acierto. Techo superado, zona alcanzada, objetivo alcanzado, invalidación nunca en peligro. El registro mide lo que digo que hará el precio, y el precio lo hizo.
Y otra vez tengo que añadir lo mismo que la semana pasada. La llamada se titulaba «el rebote fue mecánico, no estructural», y yo mismo escribí que un cierre por encima de 83.000 significaría que me había equivocado en la lectura de fondo. El lunes entraron 999 millones en los ETF y 2.520 millones en bitcoin salieron de los exchanges en tres días. Eso no es solo mecánica. Acerté el número y fallé el motivo, por segunda semana seguida.
Las mismas cinco de siempre.
La lente on-chain mejora respecto a la semana pasada. Las salidas netas de los grandes exchanges, medidas por CryptoQuant, revierten el máximo de reservas que contaba hace siete días.
La macro se endurece más. El PMI manufacturero bate expectativas y Barr, de la Fed, insiste en que faltan subidas. La probabilidad de subida en octubre sigue por encima del 75%.
Esta semana el precio hizo lo que decía que tenía que hacer para que la tesis de la formación de suelo siguiera viva: recuperó la media de 20 sesiones y entró en la zona de decisión. Lo hizo, otra vez, con ayuda de un mecanismo que se agota, el squeeze del lunes, pero esta vez con dos apoyos que no dependen de eso: la salida de monedas de los exchanges y una macro que, pese a ser más dura, no ha logrado tumbar el precio.
Subo el objetivo a los 88.000 dólares, justo por encima de los 87.496 con los que abrió Bitcoin el año, porque superarlos sería la primera señal de que el mercado no solo recuperó lo perdido sino que empieza a mirar hacia arriba de verdad. Y aprieto la invalidación: la subo de 78.000 a 82.000 en cierre semanal, el antiguo techo que frenó el precio desde agosto. Si la tesis de fondo, demanda real y no solo squeeze, es cierta, el precio no debería volver a caer por debajo de ese nivel.
Es la medida de inflación que sigue la Fed directamente, y llega con la probabilidad de subida en octubre ya por encima del 75%. Un dato caliente la confirma casi del todo; uno frío es la única vía que le queda al mercado para empezar a dudar de otra subida.
Cuatro llamadas, dos aciertos, un fallo, una abierta. Un 66,7% de acierto sobre las cerradas.
Y las dos que he acertado las he acertado por un camino distinto del que escribí. El registro no lo recoge, porque mide niveles y no motivos, y así tiene que ser. Pero es lo primero que miro yo cada domingo.
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